El desafío de los buenos propósitos

Son muchos los artículos que nos dicen lo que debemos hacer con nuestra vida, cómo debemos comer, cuántas horas dormir, la ropa que llevar, los amigos que alejar, la actitud que mantener, en resumen, te dicen lo que funciona y lo que no.

Si algo es sabido, y está más que demostrado, es que no todas las fórmulas funcionan por igual en las personas. Cada vez leo más artículos, especialmente en páginas web, donde todo vale, donde nos ofrecen una lista de soluciones magistrales para cada problema: las 5 claves para dormir mejor, los 4 tipos de abrazos, las 7 mejores apps para tu móvil, los 6 mejores destinos para visitar durante las navidades, los 10 mejores zumos para revitalizar tu estado de ánimo, todos los cómics de Spiderman de mejor a peor … y así puedes pasar todo el día.

¿Pero qué pasa si después de leer ese artículo te das cuenta de que ninguna de esas soluciones funciona contigo, o tu solución no aparece en ese listado? Sencillamente, puede provocar que abandones lo que te funciona al pensar que esas otras alternativas van a funcionar mejor. Y es cierto que a veces mejora, pero a veces no. O peor todavía, te dicen que algo no va a funcionar y no llegas a intentarlo, aunque la idea original te hubiera parecido atractiva.

Eso mismo me sucedió el otro día, al leer un artículo, que me pareció interesante y me llevó a reflexionar. Hablaba sobre lo inútil y desafortunado que es hacer proyectos de cambio con la llegada del nuevo año.

Es, precisamente, la forma en la que se comunican las personas, lo que genera una mayor o menor respuesta. Y si alguien lee (yo) que algo no sirve o no funciona, lo primero que aparece es una reacción que hace que se cuestione la veracidad de lo leído. ¿Por qué no voy a cumplir mis propósitos para el nuevo año? Para empezar, curiosamente, ya te están ayudando a empezar fuerte, te están desafiando.

La historia nos ayuda a aprender de los errores pasados. ¿Qué nos planteamos otros años y no cumplimos? Tal vez los objetivos eran acertados, pero no así la planificación.

Consejos (que no son normas) para intentar logar nuestros propósitos:
  • Un año es un plazo muy largo. Los objetivos a corto plazo son más manejables.
  • No te exijas demasiado. Cada victoria es un refuerzo. Recuerda que siempre puedes aumentar la dificultad del propósito.
  • Disfruta del paseo. No significa que tu objetivo no vaya a requerir de esfuerzo. Significa que, si duele, tenderás a abandonarlo.
  • Si no lo consigues, plantea una alternativa (que puede ser compartir el objetivo con alguien y hacerlo juntos) o reducir la dificultad del objetivo, pero no lo abandones.

Los dos ejemplos más frecuentes de propósitos para el nuevo año son: leer más libros y bajar de peso. Vamos pues a desafiar a los clásicos: lectura y peso. Más de uno y menos de otro.

¿Cómo plantear mis propósitos?

Teniendo en cuenta que queremos empezar el año con una victoria, vamos a ponernos el objetivo del mes más que alcanzable: un libro y un kilo. No obstante, repetimos que las cantidades son orientativas, especialmente con el peso.

Yo empiezo hoy. Me encartaría que compartierais conmigo vuestros objetivos, logros y no logros (que no son fracasos).

Nos vemos en marzo con los resultados.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

doce − 2 =