Maldita herencia

Hace poco leí una cita que decía algo así como “no puedes educar a tus hijos como te educaron tus padres porque ellos te educaron en un mundo que ya no existe.” Venía a decir que la educación que transmitimos a nuestros hijos debería adaptarse a los tiempos. ¿Pero cómo educar a un niño en un mundo tan cambiante? ¿Cómo educar a un adolescente para una vida laboral tan incierta?

Lo único que aguanta el paso del tiempo son los valores más básicos: el respeto y la empatía. Aparece ahora con fuerza un nuevo valor humano, una nueva directriz para el crecimiento personal: el respeto y el amor hacia uno mismo, también llamado egoísmo moral. Que la persona más importante de tu vida seas tú mismo es una verdad aplastante y por fin tiene cabida en la moral social. Hasta ahora, la generosidad extrema era tratada con devoción y no había nada más grande que darlo todo por los demás. Fue parte de nuestra herencia.

“Sé generoso, comparte, obedece, no protestes …” Apenas había sitio para meter tu propia voluntad, tu propia manera de conseguir que tu vida fuera tuya, de hacer tu propio camino. “Estudia, cómprate una casa, cásate y ten hijos”. Nuestras vidas ya estaban planificadas antes de quitarnos el babero.

Hace unos días mi hijo de once años me preguntó si, cuando fuese mayor y se fuese de casa, podía vivir solo. Los niños aprenden de lo que ven, y cuando ven un mundo lleno de personas que viven en pareja y que tienen hijos, de forma automática, introducen ese dato en su esquema de “futuro esperado” antes de preguntase siquiera si pueden elegir. ¿Por qué no les transmitimos que sean conscientes, por ejemplo, de que podrán elegir tener pareja o no, ya sea de distinto o del mismo sexo? ¿Podemos hablar de la innecesariedad de sobrepoblar nuestro frágil planeta? ¿Tan difícil es entender que vivimos en un espacio acotado? ¿Tan extraño resultaría transmitir a las nuevas generaciones que la reproducción es un derecho, no una obligación? Esa sería una buena herencia cultural.

La herencia que aspiro a dejar es una educación basada en la libertad de la propia elección, en el derecho a equivocarse y en la búsqueda de la felicidad.

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