Diarios del COVID-19

El derecho a no hacer.

Corren tiempos en los que no hacer nada está mal visto. Las redes sociales arden enseñándote formas en las que pasar el tiempo de confinamiento. A diario recibimos una ingente información sobre lo que tenemos que hacer, que no deja de traducirse en: haz deporte todos los días, dedícale más tiempo a la cocina y disfruta haciéndolo, haz videollamadas con tu chat de amigos, desempolva los juegos de mesa, visita museos virtuales, lee libros, haz manualidades con tus hijos y haz videos divertidos y cuélgalos en youtube. Es decir, haz todo eso que no hacías antes, no porque no tuvieras tiempo sino porque no te daba la gana.

Y aquí empieza el problema. Parece que cuando el rebaño se mueve a pastar a otro sitio es necesario moverse con él. Si no lo haces empiezas a plantearte si de verdad se han movido todos donde hay un pasto más fresco, si donde te encuentras, ya no sólo no es adecuado, sino que además es peligroso. Tienes dos opciones, o te mueves con el resto a regañadientes o te quedas donde estás, acompañado de la desagradable incertidumbre de si estás haciendo lo correcto. En cualquier caso, pierdes.

En la base de los trastornos emocionales más comunes en nuestra sociedad (ansiedad, depresión, estrés) se encuentra nuestra gran bestia negra: una baja autoestima.

Cuando pasee por la calle (hoy no, por favor) puede estar convencido de que la mayoría de las personas con la que se cruce mejoraría drásticamente su salud emocional si le diese un lavado de cara a su autoestima. ¿Pero, por qué hace tanta mella tener una autoestima baja?

Todos hemos oído hablar de que la autoestima es la forma en la que uno valora su propia persona. Dicho así, puede entenderse que cuanto más te valores mejor autoestima tienes, por lo que los narcisistas serían un modelo a seguir. No más lejos de la realidad, estos tienen una autoestima muy frágil, siempre pendientes del reconocimiento de los demás.

La pieza clave es la manera en la que nos exigimos y, al mismo tiempo, exigimos a los demás. Es en ese juicio cuando surge un desajuste y, sin darnos cuenta, somos benévolos con las decisiones ajenas y terriblemente estrictos con las nuestras. Si sólo valoramos nuestras propias virtudes comparándonos con el vecino, tenemos todas las de perder, porque de manera automática vamos a enaltecer sus cualidades (y posesiones) a la vez que enterramos las nuestras.

¿Y por qué ahora es un buen momento para pensar en nuestra autoestima? Porque da igual lo que la gente haga o diga, no hay un bien hecho o mal hecho, si engordas 4kg durante estas semanas es normal, nuestra casa no es un lugar que invite al deporte, no pasa nada si no cocinas más de lo habitual o no participas en la torrija challenge, no pasa nada si no sales a aplaudir a la terraza y no pasa nada si no duras más de 15 minutos con un libro en la mano. Tienes derecho a no hacer nada. Y si alguien te pregunta qué has hecho todo este tiempo, le puedes contestar: “he estado salvando vidas”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

tres × 2 =