Educación adolescente

Incomprensión y sufrimiento.

Quien tiene o ha tenido un hijo/a adolescente sabe el suplicio en el que se puede llegar a convertir la convivencia. Muchos se preguntan “¿Yo era así? No recuerdo hablar así a mis padres…” Y cuando se lo comentamos a un amigo en parecida situación nos da la respuesta que hace que, de alguna forma, resoplemos de tranquilidad: “Mi hijo hace lo mismo”.

Realmente hace 30 años los hijos no hablaban así a sus padres, no discutían ni protestaban, ni mostraban la agresividad sin mesura que algunos hacen ahora; dentro de unos márgenes aceptables incluso se puede decir que eran obedientes. Hoy se ve esa educación perdida, imposible de volver a ella, sin embargo no está del todo claro que la educación que recibieron los adolescentes en la década de los 80 y 90, pueda servir a los adolescentes de esta generación ya que el entorno social, especialmente en lo que se refiere a comunicación, ha cambiado drásticamente. ¿Fue tan rígida y austera la educación de antes? ¿Por qué muchos padres y madres han decidido educar a sus hijos en una total permisibilidad y laxitud de normas? ¿Por qué han preferido ser sus amigos a sus padres?

Mucho se ha hablado sobre el establecimiento de límites en la educación, sobre los roles de cada miembro de la familia, sobre su estatus, sobre castigos e incentivos, siendo el cómo se aplica todo eso a un niño, púber o adolescente, el gran dilema. Queremos abrazar el papel de juez a la vez que el de colega en un equilibrio tan efímero que a veces resulta invisible.

Para empezar, lo primero que tenemos que hacer es reflexionar sobre la comunicación que han visto los adolescentes en sus padres. Para resumirlo de alguna forma nos deberíamos preguntar ¿cómo me he relacionado con mi pareja y con mis hijos a lo largo de los años? Para bien o para mal el aprendizaje por observación, o aprendizaje vicario, postulado por Albert Bandura a mediados del siglo XX, es seguramente la forma de aprendizaje más sencilla y efectiva a la que recurre el ser humano. Por eso, tal vez sin saberlo, hemos sido el modelo de relación y comunicación de nuestros hijos. Y sí, aunque suene anticuado, no hay mayor verdad que la que dice “se enseña con el ejemplo”.

La adolescencia está infravalorada en lo que a sufrimiento se refiere. La persona ha dejado de ser un niño, y nunca más va a volver a esa etapa, ha descubierto cambios en su cuerpo que hace que se parezca más a un adulto que a un niño, les ha cambiado la voz, sus aficiones, sus gustos, la forma de relacionarse, su autoestima se asemeja a una montaña rusa porque, aunque a veces sepa exteriorizar una imagen de control y madurez, están muy lejos de serlo, y su actividad física, emocional y cognitiva está tan acelerada que les resulta imposible parar a reflexionar sobre lo que les está pasando. Sufren, en silencio, porque su incomprensión empieza cuando se preguntan “¿Por qué me tratan como a un niño, si ya soy adulto?”.

Un comentario en “Educación adolescente

  • el 18 octubre 2019 a las 01:01
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    Trato exquisito. Muy contento con planteamientos y propuestas.

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